domingo, 23 de septiembre de 2012


MOISÉS
Un día, una mujer israelita tuvo un bebé. Era niño, y lo encontró tan bonito que lo ocultó durante tres meses. Llegó un momento en que no pudo tenerlo escondido por más tiempo, así que decidió meterlo en una cesta, y dejarlo en la ribera del río Nilo. La hermana del bebé se quedó por allí para vigilar bien lo que pasaba. En esos momentos, la hija del faraón, el rey de Egipto, bajaba al río a bañarse acompañada de sus doncellas. Fue ella la que descubrió la cestita y comprobó que había dentro un bebé llorando. Se compadeció la joven del niño, pues enseguida comprendió que era un hijo de hebreos, y lo sacó de allí. En ese instante apareció la hermana del bebé, y le preguntó a la hija del faraón: «¿Quiere usted que vaya a buscar entre los hebreos a una niñera para que críe al niño?» Y de esa manera el bebé fue entregado a su verdadera madre, que lo crió hasta que fue mayor. Entonces la madre se lo llevó a la hija del faraón, que lo acogió como a un hijo y le puso de nombre Moisés, porque se dijo «De las aguas lo saqué» (es lo que significa la palabra moisés).
Moisés crecía con la hija del faraón, y cuando ya iba siendo adulto, salía a veces a ver a su gente. Cuando estaba con ellos veía lo mal que se portaban los egipcios con los hebreos y lo mucho que sufría su pueblo. Un día, vio cómo un egipcio maltrataba a un israelita, y dejándose llevar por la cólera, mató al egipcio. Este hecho llegó a oídos del faraón, y a Moisés no le quedó más remedio que huir a otras tierras, donde el faraón no le encontrase. De esta forma Moisés se refugió en la tierra de Madián. Allí tomó por esposa a Séfora, que le dio un hijo.
Mientras Moisés estaba en tierras extranjeras, Dios se acordaba del pueblo de Israel, que seguía atormentado bajo el pueblo egipcio, y se sirvió de Moisés para liberar a su pueblo. ¿Queréis saber cómo lo hizo? Pues a Moisés le ocurrió una cosa muy extraña, pero tendréis que esperar al próximo capítulo para poder leerlo… ¡No os lo perdáis!

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